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¿Por qué nos cuesta delegar?

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Delegar es una de las funciones principales que cualquier líder debe saber poner en práctica para conseguir los resultados. Delegamos para poder dedicar nuestro tiempo a aportar más valor a la empresa con lo que hacemos. La idea es delegar en otras personas o incluso externalizar aquello que no es importante aunque sea necesario.

 

Pero a menudo la tarea de delegar no resulta ni tan fácil ni tan evidente. Existen muchas razones por las que nos cuesta delegar y seguidamente os muestro algunas de ellas:

 

  1. La necesidad de tenerlo todo controlado, de conocer hasta el último detalle de los proyectos en marcha y que no se nos escape nada. A mi parecer, esta es la razón principal para no delegar, y parte de la necesidad profunda de sentirnos seguros. El problema aparece cuando vamos asumiendo más responsabilidades, más proyectos, más personas en el equipo,…con lo que si no sabemos cómo delegar ni a quien, se nos irá acumulando el trabajo y acabaremos siendo víctimas del estrés. Querer controlarlo todo también tiene consecuencias para el equipo, ya que sin darnos cuenta transmitimos la sensación de que no confiamos en ellos. Esta actitud nuestra puede producir dos tipos de respuesta por parte del equipo: las personas que se rebelan ante el control y las personas que se someten. Ninguna de las dos opciones permite conseguir buenos resultados, porque las personas no se sienten libres para poder elegir, para poder dar su opinión o su punto de vista, lo que provoca que haya un menor compromiso con los objetivos y los resultados. Tenerlo todo controlado es una ilusión porque nuestro día a día está lleno de imprevistos y de otros aspectos que son imposibles de controlar. Por ello,  aceptar que eso es así nos ayudará a fluir mejor en nuestro día a día, a relajarnos y a estar más cerca de los demás.

 

  1. “Con el tiempo que necesito para explicárselo, mejor lo hago yo”. Muchas veces hay temas que nos corren tanta prisa, que acabamos asumiéndolos por no querer dedicar tiempo a delegar. El inconveniente, es que si no dedicamos ese tiempo ahora, cada vez que tengamos que hacer esa tarea u otras similares nos va a suceder lo mismo. Es pan para hoy y hambre para mañana. Dedicar tiempo presente nos ahorrará tiempo futuro y a largo plazo lo agradeceremos.

 

  1. “No están capacitados para hacerlo”. Si eso es lo que pensamos, pocas oportunidades daremos al equipo para que se desarrolle. Si esa es nuestra opinión, debemos pensar en qué podríamos hacer para que sí tuvieran las capacidades. Si pienso que “yo lo hago mejor”, se van a perder posibilidades infinitas para desarrollar al equipo. Esta excusa para no delegar va muy vinculada a la poca tolerancia al error. Como pensamos que no son capaces, no delegamos porque estamos convencidos que se van a equivocar, que van a cometer errores, y para eso, mejor que no lo hagan.

 

  1. “Y si delego…¿qué haré yo?”. Todavía recuerdo a un mando intermedio que me hizo este comentario. Para saber qué delegar tenemos que clasificar las tareas en tres tipos: las tareas poco importantes independientemente de la urgencia, las tareas muy importantes y muy urgentes y las tareas que son importantes pero no urgentes. Las primeras hay que delegarlas siempre, las segundas podemos delegar algunas sí y otras no, y las terceras no las debemos delegar nunca. Tenemos que ver cuáles son aquellas tareas en las que aporto más valor a la empresa y dedicarnos a ellas, delegando el resto.

 

Desarrollar la habilidad de saber delegar es un arte que aporta múltiples beneficios tanto para nosotros como para el equipo que se traducen en mejores resultados y mejor clima. Los beneficios que nos aporta como líderes son la reducción de la carga de trabajo, tener más tiempo para pensar más allá de la rutina del día a día y poder enfocarnos en lo global y no en la microgestión, liberar tiempo para dedicarnos a lo que aporta más valor y para liderar mejor al equipo desafiándolo y desarrollándolo. Respecto a los beneficios para el equipo están relacionados con la expansión del conjunto de habilidades y capacidades dentro del equipo, el aumento en la motivación de los colaboradores que perciben que confiamos en ellos para hacer tareas distintas y el refuerzo de la responsabilidad personal dentro del equipo.

 

Y tal vez te preguntes cómo puedes hacer para que tu delegación sea más efectiva, así que aquí te dejo algunas pistas:

  1. Haz una lista de todas tus tareas/proyectos/funciones y analiza qué se puede delegar y que no en función del valor que aporte a la empresa, su importancia y urgencia.
  2. Una vez realizada, decide qué tareas delegar y a qué persona/as.
  3. Reúnete con esa persona/as y explícale la tarea o el proyecto.
  4. Acuerda una fecha para hacer seguimiento. La primera vez que una persona del equipo asume una nueva tarea, quizás necesite que te veas con ella en algún momento para aclarar posibles dudas o verificar si lo está desarrollando bien. Pero una vez ya esté claro, seguramente no necesitará de más supervisión. Sobretodo tenemos que tener en cuenta que, delegar no es pasar el trabajo y olvidarse. Recuerda que tu función también es desarrollar y supervisar a tu equipo.

 

Que tengas una feliz semana.

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